Que tu propio gobierno, esa entidad que se supone debe protegerte, decida que eres un excelente conejillo de indias es el punto de partida de muchas novelas de espías. Que, en su afán por proteger la nación o descubrir un secreto, crea que lo más sensato es drogarte sin tu consentimiento, someterte a privación sensorial o torturarte psicológicamente, todo en busca de la clave para controlar la mente humana. Suena a ciencia ficción barata o a la trama de un thriller, ¿verdad? Pues esto no es ni una cosa ni la otra. Es una incómoda y escalofriante porción de la historia real, cocinada en los despachos más oscuros de la CIA.
No hablamos de leyendas urbanas ni de teorías conspirativas de internet. Hablamos de un programa que existió, que causó un daño incalculable y cuyos detalles, aunque incompletos por la quema de documentos, siguen helando la sangre: el Proyecto MKUltra.
Para comprender mejor el alcance y la locura de este programa, el siguiente documental resume sus aspectos más escalofriantes en pocos minutos.
La Guerra Fría: Un Campo de Pruebas para la Mente
Para entender por qué una agencia de inteligencia se embarcaría en algo tan desquiciado, tenemos que viajar a la paranoia de la Guerra Fría. Los años 50 y 60 fueron una época de miedo palpable. Los soviéticos, decían los rumores, no solo nos superaban en misiles, sino que también estaban a la vanguardia en el control mental. Podían convertir a un hombre en un autómata, borrar su identidad, crear un «manchurian candidate» que actuara contra su propia voluntad.
Ante esta perspectiva, la CIA, en un arranque de lo que solo podemos describir como pánico científico, decidió que no podía quedarse atrás. No fue un caso aislado; la época estuvo plagada de proyectos secretos para ganar ventaja geopolítica, como el infame Guerra Fría: Proyecto Camelot, el Escándalo Social de EE. UU.. Si los «rojos» estaban buscando el «suero de la verdad» o la forma de programar espías, ellos tenían que encontrarla primero. Así, en 1953, nació MKUltra, un proyecto tan secreto que incluso dentro de la agencia muchos desconocían su verdadera magnitud. El objetivo era tan ambicioso como moralmente repugnante: desarrollar técnicas para influir y controlar el comportamiento humano.
LSD: La Llave Maestra (o la Caja de Pandora)
En el corazón de MKUltra latía una fascinación desmedida por las drogas psicodélicas, y una en particular se convirtió en la estrella de los experimentos: el LSD. Este potente alucinógeno, descubierto accidentalmente por Albert Hofmann, prometía ser la herramienta perfecta. ¿Podría ser el «suero de la verdad» definitivo? ¿Podría usarse para desorientar a un enemigo hasta el punto de la confesión? ¿O, aún más inquietante, para implantar nuevas personalidades o borrar recuerdos?
La CIA no se anduvo con chiquitas. Querían saberlo todo sobre el LSD, y no tenían reparos en experimentar en cualquier persona que pudieran conseguir. Y aquí es donde la historia se vuelve realmente oscura, porque esos «conejillos de indias» no eran agentes dobles capturados ni espías enemigos. Eran ciudadanos estadounidenses, muchos de ellos sin su consentimiento.
¿Quiénes eran las víctimas de MKUltra?
La lista es tan variada como trágica:
- Pacientes psiquiátricos: Vulnerables, internados en instituciones donde los «médicos» de la CIA podían operar con impunidad, sin preguntas. Se les administraban dosis masivas de LSD durante días, incluso semanas, con la esperanza de «desprogramarlos» o reescribir sus mentes.
- Presos: Ofrecimientos de reducciones de pena a cambio de participar en «estudios», sin revelar la naturaleza real de los mismos. Una salida fácil para la CIA.
- Prostitutas: En burdeles de «casas seguras» montadas por la CIA en ciudades como San Francisco y Nueva York, se drogaba a los clientes con LSD para estudiar sus reacciones sin que ellos lo supieran. El cinismo alcanzaba cotas insuperables.
- Agentes de la propia CIA y personal militar: En un retorcido giro del destino, algunos de los que impulsaban el programa terminaron siendo sus propias víctimas, a menudo sin saberlo, bajo la premisa de «pruebas internas» o «simulacros de guerra psicológica». El caso de Frank Olson, un bioquímico del ejército que murió tras ser drogado con LSD sin su conocimiento, es uno de los más conocidos y trágicos.
Las «investigaciones» incluían desde dosis elevadísimas de LSD hasta experimentos con barbitúricos, hipnosis, terapia de electroshock, privación sensorial y, en algunos casos, tortura psicológica. La ética médica no solo se ignoró, sino que se pisoteó con una indiferencia pasmosa. El fin, según ellos, justificaba cualquier medio.
El Telón Cae: Una Revelación Incompleta
Como ocurre con muchos secretos de Estado, la verdad no pudo permanecer oculta para siempre. En los años 70, una serie de investigaciones periodísticas y del Congreso, en particular el famoso Comité Church, comenzaron a desenterrar los horrores de MKUltra. Pero la historia tiene un último y amargo giro: el director de la CIA, Richard Helms, había ordenado la destrucción de la mayoría de los documentos del programa en 1973. De una ironía desarmante, ¿no te parece? Destruir pruebas de un programa que buscaba la verdad. Lo poco que se salvó fue por un error burocrático, unas cajas de documentos financieros que no fueron incineradas.
Gracias a esos pocos retazos de información, el mundo supo de la existencia de MKUltra, de sus experimentos y de sus víctimas. Aunque la escala completa del daño jamás podrá cuantificarse, lo que se reveló fue suficiente para sacudir los cimientos de la confianza pública en el gobierno. La CIA se vio obligada a reconocer la existencia del programa, pedir disculpas y ofrecer compensaciones a algunas de las víctimas identificadas, aunque el velo de secreto nunca se ha levantado por completo.
Así que, la próxima vez que escuches hablar de control mental o «sueros de la verdad», recuerda que no son solo argumentos de Hollywood. Son el eco de un capítulo vergonzoso en la historia, un recordatorio de hasta dónde puede llegar la obsesión por el poder y la seguridad, pisoteando la dignidad humana en el proceso. Y te deja pensando, ¿qué otros experimentos, más allá de nuestra imaginación, podrían haberse llevado a cabo en la sombra, y cuántos secretos siguen aguardando a ser desenterrados?
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