Imagine una cálida mañana de julio en Estrasburgo, año 1518. Las calles empedradas de la ciudad alsaciana bullen con la actividad habitual: comerciantes pregonando sus mercancías, artesanos en sus talleres, el murmullo constante de la vida cotidiana. De repente, una mujer, conocida en los anales de la historia como Frau Troffea, sale a la calle y, sin música ni motivo aparente, comienza a bailar. No es una danza alegre ni festiva, sino un movimiento compulsivo, febril, una coreografía silenciosa y desesperada que la consume durante horas bajo el sol inclemente.
Lo que al principio fue visto como una extraña excentricidad o quizás una crisis personal, pronto se convirtió en un espectáculo inquietante. Para el final de la semana, más de treinta personas se habían unido a ella, moviendo sus cuerpos de forma espasmódica, con los ojos vidriosos, incapaces de detenerse. En un mes, la cifra ascendía a cuatrocientos. Este no es el comienzo de un cuento de hadas macabro, sino el registro histórico de uno de los fenómenos psicógenos más extraños y mortales jamás documentados: la Plaga de Baile de 1518. Un evento que desafía nuestra comprensión de la mente humana y el poder del contagio social, y que dejó un rastro de agotamiento, infartos y muerte.
El Estallido Inexplicable en las Calles de Estrasburgo
El epicentro de este insólito suceso fue, como hemos visto, una sola persona. Pero, ¿cómo pudo una acción individual desencadenar una epidemia de movimiento que desafiaba la voluntad y la resistencia física de cientos de ciudadanos? La respuesta se encuentra en el frágil contexto de la época y en la aterradora velocidad con la que se propagó el fenómeno.
La Paciente Cero: Frau Troffea
La historia documenta que Frau Troffea bailó ininterrumpidamente durante casi una semana. Sus pies, pronto ensangrentados y destrozados, no obedecían a su mente. Su familia y vecinos, alarmados, no sabían cómo reaccionar. Las crónicas de la época, escritas por médicos, predicadores y concejales, describen su estado como una especie de trance febril, ajena a cualquier intento de comunicación. Este primer caso sentó un precedente visual y emocional devastador para una comunidad ya al borde del abismo.
De la Curiosidad al Caos Colectivo
La transición de un caso aislado a una epidemia masiva fue sorprendentemente rápida. Al principio, los espectadores se agolpaban, movidos por la curiosidad o la lástima. Sin embargo, pronto algunos de ellos comenzaron a sentir el mismo impulso irrefrenable. Como un virus invisible, la compulsión se extendió. Hombres, mujeres y niños se unieron al baile frenético, abandonando sus hogares y trabajos. La ciudad se sumió en un caos surrealista, una pesadilla en la que sus habitantes danzaban sin descanso hacia su propio fin.
Las Desconcertantes «Soluciones» de las Autoridades
Frente a un problema que no tenía explicación médica ni teológica clara, las autoridades de Estrasburgo tomaron una serie de decisiones que, vistas con la perspectiva moderna, resultan tan fascinantes como contraproducentes. Su lógica, aunque errónea, revela la desesperación y la mentalidad de la época.
La Terapia del «Más Baile»
Los médicos locales, descartando causas astrológicas o sobrenaturales, diagnosticaron la aflicción como «sangre caliente». Su insólita prescripción fue que los afectados debían «bailar hasta curarse». Con esta idea en mente, el consejo de la ciudad ordenó despejar los mercados, construir un gran escenario de madera e incluso contratar músicos profesionales para acompañar a los danzantes. Creían que, si se les permitía expulsar la energía febril, la plaga remitiría por sí sola.
El Devastador Coste Humano
La medida fue un desastre catastrófico. La música y el espacio habilitado no hicieron más que legitimar y amplificar el fenómeno, atrayendo a más participantes. El esfuerzo físico continuo, día y noche, comenzó a pasar factura. Los danzantes, deshidratados y exhaustos, sufrían derrames cerebrales, infartos y colapsos por puro agotamiento. Las crónicas hablan de hasta quince muertes diarias en el punto álgido de la epidemia. El remedio se había convertido en el propio veneno.
En Busca de una Explicación: ¿Qué Pudo Ocurrir?
Quinientos años después, el misterio de la plaga de baile sigue sin una respuesta definitiva, aunque varias teorías científicas e históricas ofrecen explicaciones plausibles. Cada una de ellas nos abre una ventana a las profundidades de la psicología humana y las tensiones de un mundo al borde del cambio.
Teoría 1: El Hongo del Cornezuelo
Una de las primeras hipótesis científicas apunta a la ingestión accidental de cornezuelo del centeno, un moho que crece en el pan de centeno húmedo y que contiene compuestos psicoactivos. El envenenamiento por cornezuelo (ergotismo) puede causar espasmos, alucinaciones y delirios. Sin embargo, los expertos señalan que los síntomas documentados en 1518 (un baile coordinado y sostenido) no encajan del todo con los temblores convulsivos típicos del ergotismo.
Teoría 2: La Histeria Colectiva
La explicación más aceptada hoy en día se centra en un fenómeno hoy conocido como psicosis colectiva o enfermedad psicogénica masiva. El Estrasburgo de 1518 era un caldo de cultivo perfecto para la histeria: la región sufría hambrunas, pobreza extrema y la aparición de enfermedades devastadoras como la sífilis. La superstición y un fervor religioso opresivo dominaban la vida de la gente. En este contexto de estrés psicológico insoportable, la danza pudo ser una válvula de escape, una manifestación física y masiva de una angustia colectiva que se volvió contagiosa. Es un enigma que aún hoy es objeto de debate en instituciones como la Universidad de Estrasburgo, heredera de la historia de la ciudad.
El Factor Religioso y Cultural
No se puede ignorar el contexto cultural. En la Europa medieval y renacentista, existían leyendas sobre santos, como San Vito, que podían infligir plagas de baile como castigo. Es posible que los ciudadanos, creyendo estar bajo una maldición divina, entraran en un estado de trance autoinducido, cumpliendo la profecía que tanto temían. La danza se convertía así en un acto de penitencia y a la vez en la manifestación de su condena.
Para comprender visualmente la escala de este evento y las teorías que lo rodean, el siguiente documental ofrece una reconstrucción detallada y accesible de esta fascinante página de la historia.
Un Legado Enigmático: Ecos en la Historia
La plaga de baile de 1518 no fue un evento único. Se documentaron una decena de brotes similares en Europa entre los siglos XIV y XVII, aunque el de Estrasburgo fue, con diferencia, el más grande y mortal. Estos episodios nos recuerdan que la mente humana, especialmente bajo presión extrema, es capaz de generar realidades físicas tan potentes como cualquier virus.
El baile de 1518 no es solo una anécdota macabra; es un espejo que nos devuelve una imagen inquietante de nuestra propia vulnerabilidad psicológica. Nos demuestra que el miedo, el estrés y las creencias compartidas pueden esculpir el comportamiento de una multitud hasta límites insospechados, un recordatorio de que la frontera entre la razón y la locura colectiva es, a veces, peligrosamente delgada.
Este suceso nos obliga a preguntarnos: ¿podría ocurrir algo similar hoy? En una era de sobreinformación, pánicos virales en redes sociales y ansiedades globales, la plaga de baile de Estrasburgo resuena con una advertencia atemporal sobre el poder del contagio emocional y los misterios que aún se esconden en los rincones más oscuros de la psique humana.
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