Imagine el sol de julio golpeando el granito de una pequeña aldea gallega. El aire vibra con el sonido de las gaitas y el murmullo de una multitud expectante. Pero en el centro de todo, algo desafía la lógica y la normalidad: una procesión de ataúdes abiertos avanza lentamente. Y dentro, acostados con los ojos abiertos, no hay difuntos. Hay personas vivas, de carne y hueso, que miran al cielo en un acto de devoción tan extremo que roza lo incomprensible. No es una película de Buñuel ni una pesadilla surrealista. Es la Romería de Santa Marta de Ribarteme, una de las manifestaciones de fe más insólitas y visualmente devastadoras del planeta.
Cada 29 de julio, en el municipio de As Neves (Pontevedra), se celebra este rito que congela la sangre y acelera el pulso. ¿Qué lleva a una persona a meterse voluntariamente en un féretro y ser paseada como si hubiera fallecido? La respuesta no se encuentra en la lógica, sino en el abismo de la desesperación y en la luz cegadora de la gratitud. Estamos ante un pacto visceral con lo sagrado, una promesa cumplida tras haber mirado a la muerte a los ojos y haber sobrevivido para contarlo. Esta no es una fiesta para turistas en busca de morbo fácil; es un testimonio estremecedor de la resiliencia humana y un viaje fascinante a las raíces más profundas y enigmáticas de la fe.
Un Viaje Entre la Vida y la Muerte
La figura central de esta tradición es el «ofrecido». Son personas que, en un momento crítico de sus vidas o de las de sus seres queridos, hicieron una promesa a Santa Marta, hermana de Lázaro y patrona de las causas imposibles. Le rogaron por su intercesión ante una enfermedad terminal, un accidente fatal o una situación sin aparente salida. La promesa es clara y contundente: si la santa les concede el milagro de la vida, ellos participarán en su procesión dentro de un ataúd.
Es un acto de humildad y agradecimiento que se materializa de la forma más gráfica posible. El féretro no simboliza la muerte que fue, sino la vida que casi se pierde y que ha sido recuperada. Es una escenificación pública de una segunda oportunidad.
La Promesa a Santa Marta: un Pacto de Fe
Este compromiso personal e intransferible es el motor de toda la celebración. Cuando una persona se convierte en «ofrecido», su participación es la culminación de un calvario personal. No hay contrato firmado ni obligación social; es un acto de conciencia, un agradecimiento que se siente como una deuda sagrada. Es la forma más extrema de exvoto, donde la ofrenda no es un objeto, sino el propio cuerpo escenificando su fragilidad y su salvación.
Los familiares juegan un papel crucial, pues son ellos quienes portan el ataúd sobre sus hombros. Su semblante, una mezcla de orgullo, solemnidad y emoción contenida, añade una capa de intensidad a la procesión. Cargan con el peso literal del milagro, compartiendo el viaje simbólico de su ser querido desde la oscuridad hacia la luz.
El Día de la Romería: Un Mosaico de Emociones
El ambiente en As Neves durante la romería es indescriptible. Se entrelazan la música festiva de las bandas locales, el olor a pulpo y cera quemada, y el silencio respetuoso que se impone al paso de los ataúdes. Los «ofrecidos», algunos con los ojos cerrados en meditación y otros mirando fijamente la imagen de la santa que precede la comitiva, son el epicentro de un torbellino de oraciones, lágrimas y flashes de cámaras.
La procesión recorre un breve trayecto alrededor del santuario, un camino que para los protagonistas representa un universo entero de sufrimiento y redención. Es un teatro del alma a cielo abierto, donde lo macabro y lo sagrado danzan en un equilibrio precario y fascinante.
Las Raíces de un Rito Enigmático
Rastrear el origen exacto de la Romería de Santa Marta de Ribarteme es sumergirse en un misterio. No existen documentos fundacionales claros, lo que ha dado pie a múltiples teorías que apuntan a una profunda conexión con rituales ancestrales, posteriormente cristianizados.
Los historiadores sugieren que la tradición podría remontarse a la Edad Media, aunque su forma actual parece haberse consolidado en torno al siglo XVIII. La elección de Santa Marta no es casual: su vínculo con la resurrección de su hermano Lázaro la convierte en la intercesora perfecta para quienes buscan vencer a la muerte.
¿Paganismo o Devoción Cristiana?
Muchos antropólogos ven en esta procesión un claro ejemplo de sincretismo religioso, donde cultos paganos precristianos, posiblemente ligados a la tierra y a los ciclos de vida y muerte, fueron asimilados por la fe católica. La idea de «morir» simbólicamente para renacer más fuerte es un arquetipo universal presente en innumerables culturas antiguas.
La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha mantenido una relación ambivalente con esta práctica. Si bien nunca la ha prohibido explícitamente, su naturaleza dramática y «poco ortodoxa» ha generado incomodidad en ciertos sectores eclesiásticos, que en ocasiones han intentado suavizar el rito, por ejemplo, sugiriendo que los ofrecidos caminen detrás del ataúd vacío. Sin embargo, la fuerza de la tradición popular ha prevalecido.
La Procesión en el Siglo XXI: Entre la Tradición y el Espectáculo
En un mundo hiperconectado y globalizado, una tradición tan visualmente potente no podía pasar desapercibida. Medios de comunicación de todo el mundo, desde la BBC hasta The Guardian, han calificado esta romería como una de las fiestas más raras del planeta, atrayendo a curiosos y fotógrafos de todos los rincones.
Este foco mediático presenta un desafío monumental: preservar la autenticidad de un acto de fe íntimo frente a la presión del espectáculo. Los vecinos de As Neves y los participantes luchan por mantener el núcleo espiritual de la romería, pidiendo respeto a quienes acuden a observarla.
Para comprender la atmósfera única y la carga emocional de este evento, nada mejor que verlo en movimiento. El siguiente reportaje audiovisual se adentra en las calles de As Neves para capturar la esencia de esta procesión sin igual, mostrando las historias y los rostros que la hacen tan profundamente humana.
Testimonios Vivos: Las Historias Detrás de los Ataúdes
Más allá de las imágenes impactantes, lo verdaderamente trascendente son las historias personales. Cada ataúd transporta un drama superado. Hay supervivientes de cáncer, personas que salieron ilesas de accidentes de tráfico devastadores, padres que vieron a sus hijos recuperarse de enfermedades inexplicables. Para ellos, el féretro no es un objeto tétrico, sino un altar de agradecimiento, y el breve trayecto de la procesión es la página final de un capítulo oscuro de sus vidas.
Esa conexión visceral con la gratitud es lo que diferencia a Santa Marta de Ribarteme de cualquier otro festival. No es una recreación; es la realidad cruda y emotiva de la vida celebrándose a sí misma al borde del abismo de la muerte.
Más Allá del Morbo: Un Símbolo de Resiliencia
Es fácil caer en la tentación de etiquetar esta romería simplemente como «bizarra» o «macabra». Sin embargo, hacerlo sería quedarse en la superficie de un fenómeno cultural y espiritual de una riqueza extraordinaria. La procesión de los ataúdes vivos es, en su esencia, un poderoso ritual de catarsis colectiva.
Funciona como un recordatorio público de nuestra propia finitud, pero también de nuestra increíble capacidad para sobreponernos a la adversidad. En una sociedad moderna que a menudo esconde la muerte y el sufrimiento, Ribarteme los saca a la calle, los mira de frente y los transforma en un canto a la vida. Es un acto de coraje que nos confronta con las preguntas fundamentales: ¿Qué valor le damos a nuestra existencia? ¿Hasta dónde llegaríamos para agradecer una segunda oportunidad?
La Romería de Santa Marta de Ribarteme no es una reliquia del pasado. Es un espejo en el que se refleja una necesidad humana atemporal: la de encontrar sentido en el caos, la de dar las gracias por el simple y milagroso hecho de seguir respirando. Un recordatorio anual de que, a veces, la forma más poderosa de celebrar la vida es recordar lo cerca que estuvimos de perderla.
Si esta inmersión en las tradiciones más profundas y enigmáticas de nuestro mundo le ha resultado fascinante, le invitamos a descubrir otros artículos en nuestra sección de «Cultura y Tradiciones / Fiestas bizarras», donde la realidad siempre supera a la ficción.







