Imagínate un mundo donde la frontera entre la vida y la muerte, esa línea tan infranqueable, pareciera a punto de desdibujarse gracias al ingenio de un hombre. Un hombre que, con su mente brillante, no solo nos dio la bombilla o el fonógrafo, sino que también coqueteó con la idea de construir un aparato capaz de captar los susurros del más allá. Hablamos, por supuesto, de **Thomas Alva Edison**, el mago de Menlo Park, y de su más peculiar e inusual invención: el supuesto “televisor” para hablar con los muertos.
No se trata de una leyenda urbana reciente ni de una fantasía de ciencia ficción. La historia nos sitúa a principios del siglo XX, en un contexto donde el espiritismo gozaba de gran popularidad y la tecnología avanzaba a pasos agigantados, transformando la realidad a un ritmo vertiginoso. La radio empezaba a conectar distancias impensables, el cine animaba imágenes y la electricidad iluminaba el futuro. En este caldo de cultivo de asombro y curiosidad, incluso mentes tan eminentemente científicas como la de Edison se permitían explorar los confines de lo desconocido.
Edison y el Más Allá: Una Mente Inquieta
Quizás te sorprenda saber que un genio tan pragmático y enfocado en lo tangible como **Edison** dedicara tiempo a considerar algo tan etéreo como la comunicación con los espíritus. Pero si ahondamos un poco en su filosofía, entenderemos mejor su aproximación. Edison no creía en fantasmas ni en apariciones etéreas en el sentido tradicional. Su mente, siempre buscando la eficiencia y la materialidad, concebía el universo como un inmenmenso almacén de “unidades de vida” o “entidades” que, tras la muerte del cuerpo, simplemente se desprendían y continuaban existiendo en alguna forma de energía o partículas diminutas.
Desde esta perspectiva, la muerte no era el fin absoluto, sino una transformación. Y si la energía no se destruye, solo se transforma, ¿por qué no podría ser posible detectarla? Edison, un maestro en la amplificación de señales débiles –piensa en cómo hizo posible que se escuchara una voz a través de un fonógrafo–, se preguntó si esa misma lógica podría aplicarse a las «unidades de vida» del más allá.
El Nacimiento de una Idea Asombrosa: El «Necrophone»
Fue en una entrevista concedida a la revista **American Magazine** en 1920, y más tarde en una entrada en su diario, donde **Edison** dejó caer la bomba. Habló de su creencia en la existencia de la vida después de la muerte y de su intento de construir un aparato que pudiese detectarla. Lo llamó el **»Spirit Phone»** o, más evocadoramente, el **»Necrophone»**.
Imagínate la escena: el gran inventor, en la cúspide de su fama, no anunciando un nuevo motor o una batería mejorada, sino especulando sobre cómo hablar con los difuntos. Su idea era, en esencia, un dispositivo tan sensible que podría registrar las más mínimas vibraciones o las unidades de conciencia que, según él, persistían tras el deceso. Un tipo de “televisor” o “radio” hiper-sensible que sintonizaría no ondas hercianas, sino las frecuencias invisibles de las almas desencarnadas.
¿Cómo Funcionaría este Dispositivo?
Edison nunca proporcionó planos detallados ni una descripción técnica exhaustiva. De hecho, sus declaraciones al respecto siempre fueron un tanto ambiguas y especulativas. Pero la idea general era la de un aparato que amplificaría las señales hasta un punto extraordinario. Pensaba en un sistema que utilizara la tecnología de su época, quizás una especie de receptor de radio o un fonógrafo modificado, pero llevado a un extremo de sensibilidad nunca antes visto.
«Estoy trabajando en un aparato», dijo, «no para comunicarse con lo que llamamos fantasmas, sino para registrar las personalidades, las unidades de vida, que, una vez liberadas del cuerpo, están flotando en alguna parte del universo. El problema es que el aparato debe ser tan delicado que solo lo construirá un genio absoluto.» Sus palabras son un testimonio de su audacia intelectual y de su constante deseo de empujar los límites de lo posible, incluso si eso significaba adentrarse en terrenos que muchos considerarían pseudociencia.
El Misterio Sin Resolver: ¿Un Bulo o un Secreto Bien Guardado?
Lo más fascinante de la historia del “televisor” de los muertos es que, a diferencia de sus otras invenciones, **Thomas Edison** nunca reveló públicamente un prototipo ni demostró su funcionamiento. Tras sus declaraciones, el tema se convirtió en una curiosidad, un pie de página en la biografía de un hombre que parecía haberlo inventado todo. Algunos biógrafos sugieren que quizás se trataba de una broma, un experimento sociológico para ver la reacción del público o de la prensa.
Otros creen que pudo haber estado experimentando en secreto, sin llegar a resultados tangibles, o que sus notas al respecto eran más filosóficas que prácticas. La verdad es que, a día de hoy, el misterio persiste. Nunca se encontró el “Necrophone” en su laboratorio ni entre sus pertenencias, a pesar de la exhaustiva catalogación de su legado.
Un Reflejo de una Época y de una Búsqueda Eterna
La historia del “televisor” que se usaba para hablar con los muertos es mucho más que la anécdota de un inventor excéntrico. Es un reflejo de una época, la era victoriana y eduardiana, donde la ciencia y el espiritismo a menudo caminaban de la mano, y donde la promesa de la tecnología parecía ilimitada. Es también un testimonio de la eterna búsqueda humana de trascendencia, de ese anhelo profundo de entender qué hay más allá, de mantener una conexión con quienes ya no están.
Que el mismísimo **Edison** se atreviera a pensar en ello, es una prueba de que incluso las mentes más racionales y lógicas pueden ser seducidas por los grandes enigmas de la existencia. Su “Necrophone” sigue siendo un eco silencioso, una curiosidad que nos recuerda que la imaginación humana, incluso la de los genios, no tiene límites cuando se trata de enfrentar el mayor de todos los misterios. Y tú, ¿crees que algún día la tecnología nos permitirá cruzar esa última frontera?
Si te ha fascinado esta incursión en los inventos más insólitos y las ideas más audaces de la historia, te invito a seguir explorando las maravillas y los misterios que nos ofrece El Mundo es Flipante.







