En algún rincón remoto del planeta, mientras miras la calculadora en tu teléfono, hay personas para quienes los números son todo menos fijos. Bienvenido al idioma donde las matemáticas dependen del cielo nocturno, una rareza lingüística tan fascinante como desconcertante. Prepárate para sumergirte en increíbles curiosidades que desafían la lógica que nos enseñaron en la escuela.
¿Existe realmente un idioma donde los números cambian con la luna?
Aunque parezca un truco de algún mago poeta, la respuesta es: ¡sí! Este fenómeno pertenece a los registros de los lingüistas que investigan lo que llaman “idiomas imposibles”, pequeñas joyas culturales que retan nuestra forma de ver el mundo. Entre todos, uno destaca por su particular relación con los ciclos lunares: el Binumarien, hablado por apenas unas decenas de personas en Papúa Nueva Guinea.
Eso sí: incluso si el nombre Binumarien suena poco familiar, lo que ocurre allí es una ventana apasionante a los límites de la creatividad humana en el lenguaje. Y no está solo: en otras lenguas aisladas, los números y su significado pueden depender de referencias astronómicas y naturales, ¡poniendo de cabeza la aritmética que conocemos! Si te pica la curiosidad por su localización y clasificación, puedes ver la ficha de Ethnologue sobre el binumarien o el registro en Glottolog.
La danza de la luna y los números
¿Cómo funciona este misterioso sistema numérico?
En el idioma Binumarien (y variantes en ciertos dialectos del Pacífico), el conteo no es simplemente una sucesión automática de cifras. La manera en que la gente cuenta puede depender de factores como las fases de la luna, la posición del sol o incluso la estación del año. Por ejemplo, el número “dos” en la fase de luna llena puede tener un término específico, diferente al que se usa en luna nueva.
Imagina tener palabras distintas para “uno” según si estás mirando una luna creciente o menguante. Esto no solo impacta la forma de contar, sino la comprensión del tiempo, los ciclos agrícolas y los rituales tradicionales. Para ellos, hacer cuentas puede requerir mirar tanto a sus dedos como al cielo… ¡literalmente!
Una aritmética con sabor a misticismo
En muchas sociedades con sistemas numéricos lunares, los números tienen también un trasfondo sagrado o ritual. Algunas comunidades de Oceanía creen que realizar sumas o restas durante ciertas fases lunares tiene efectos mágicos o prohibidos. Por eso, no todos los días puedes contar igual. ¿Se imaginan una tienda en la que los precios cambian si la luna está llena? En estos lugares, no es tan descabellado como parece. Y, si te suena esta idea de tradiciones donde ciertas prácticas están prohibidas según el calendario ritual, no vas desencaminado: el calendario y lo simbólico pueden mandar más de lo que creemos.
Otros idiomas con reglas numéricas alucinantes
¿Cuántos mundos de números existen?
El Binumarien y sus vecinos no son los únicos idiomas imposibles con sistemas matemáticos peculiares. Por ejemplo, en el idioma Pirahã, de la Amazonía brasileña, no existen palabras exactas para números, ni siquiera para “uno” o “dos”, y todo se reduce a conceptos vagos como “pocos” o “muchos”. Contrasta con el idioma francés, donde el número 80 se expresa como “cuatro veces veinte” (quatre-vingts). Si quieres ampliar el caso del Pirahã, aquí tienes una referencia clara en Encyclopaedia Britannica.
Números que se cuentan con manos, pies… ¡y hasta estrellas!
En diversas tribus africanas y australianas, los sistemas de numeración emplean combinaciones de dedos, nudillos, o elementos naturales. Algunos incluso usan señales manuales en vez de palabras habladas. De repente, ¡lo de cambiar números según la luna ya no parece tan marciano!
¿Te atreverías a vivir en un mundo donde los números cambian?
Saber que existe un idioma donde hasta la aritmética depende de la luna invita a reflexionar sobre la flexibilidad humana para inventar soluciones creativas. Así como para estas comunidades los ciclos lunares afectan su numeración, quizá para nosotros existan sistemas igual de extravagantes pero tan asimilados que ni los notamos.
Esto abre la puerta a una pregunta divertida y profunda: ¿qué otros aspectos de la realidad podrían ser diferentes si los miráramos a través de un idioma tan sorprendente?
Conclusión: Los idiomas imposibles están más cerca de lo que piensas
Relatos como el del Binumarien nos enseñan que la lengua es una herramienta inagotable de creatividad y adaptación al entorno. Los números, esos viejos conocidos, pueden bailotear, multiplicarse y hasta cambiar de ropaje bajo el influjo de la luna o la imaginación colectiva. Quizá el próximo idioma imposible está más cerca de lo que crees, agazapado en una costumbre de tu propia región que aún no te has detenido a observar.
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