¿Se puede detectar una mentira… con una descarga eléctrica? Parece el argumento de una película de ciencia ficción, pero hace más de 100 años unos científicos creyeron que sí. Hoy nos zambullimos en una de las historias más flipantes y poco conocidas de la ciencia: el asombroso (y algo terrorífico) detector de mentiras eléctrico ¡de 1915! Descubre este invento antiguo tan loco como fascinante y quién sabe… igual acabas mirando con otros ojos la próxima “máquina de la verdad”.
La obsesión por atrapar mentirosos: todo empieza con la mentira
¿Por qué nos fascina tanto pillar a alguien en una mentira? Desde la antigüedad, la humanidad ha ideado trucos de lo más estrafalarios para distinguir al sincero del embustero. Ya en la antigua China existían pruebas que consistían en mascar arroz seco: si se te quedaba pegado por la boca seca, ¡culpable! (los nervios mandan…).
Pero fue en el siglo XX cuando la ciencia se obsesionó con el problema. En esa época, el auge de la electricidad y las nuevas tecnologías inspiró la creación de unos artefactos entre lo inquietante y lo ingenioso. Y así, en 1915, un inventor y psicólogo llamado William Moulton Marston (sí, el futuro creador de Wonder Woman) presentó nada menos que su propia “máquina de la verdad”, y estaba decididamente electrizante.
¿Cómo era el detector de mentiras eléctrico de 1915?
Unos cables, algo de electricidad… ¿y zas: la verdad?
Imagina una escena a lo Frankenstein: una sala, cables por todas partes y una víctima nerviosa con unos electrodos pegados al brazo. El aparato de Marston, precursor del polígrafo moderno, no usaba necesariamente corrientes eléctricas peligrosas (¡menos mal!), pero sí medía los cambios eléctricos en el cuerpo cuando alguien mentía. Básicamente, el principio era que la mentira causa estrés, y ese estrés altera la respuesta galvánica de la piel, provocando micropulsos eléctricos diferentes a los del estado de calma.
Cada vez que el sujeto, bajo un intenso interrogatorio, lanzaba una mentira piadosa (“yo no robé la galleta…”), la aguja en el artilugio de Marston bailaba al ritmo de su conciencia. Si la aguja vibraba mucho… ¡pillado!
La electricidad: el “súper poder” científico de la época
A principios del siglo XX, la electricidad era lo más. Se pensaba que podía curar enfermedades, potenciar el cerebro y, claro, servir para atrapar a los tramposos. Por eso los “detectores de mentiras” eléctricos se vendían como el arma definitiva del policía y el investigador.
¿Funcionaban de verdad? ¡Eso ya era otra historia! Muchos especialistas pronto advirtieron que el nerviosismo podía deberse a otros motivos (vergüenza, miedo a las agujas, etc.), y que los resultados no siempre eran tan claros. Para contrastar el funcionamiento y el contexto del polígrafo, es útil este resumen de Encyclopaedia Britannica sobre el polígrafo.
La loca popularidad y los peligros inesperados
La fiebre de la “máquina de la verdad”
Una vez inventado el detector de mentiras eléctrico, proliferaron artilugios aún más peculiares. Había modelos que combinaban el pulso, la sudoración y hasta el ritmo respiratorio, todo conectado a enormes voltímetros y diales. Algunos policías incluso llevaron una versión portátil a los interrogatorios, aunque para muchos “interrogados” aquello era más propio de una historia de terror que de ciencia; por momentos, casi recuerda a el experimento de Milgram sobre obediencia y descargas eléctricas.
Se creó así toda una leyenda alrededor del invento. De hecho, durante décadas, muchas películas policíacas incorporaron la icónica “máquina de la verdad”, con su típico zumbido, luces intermitentes y un científico al fondo apretando botones.
Realidad vs. ficción: ¿realmente desenmascaraban mentirosos?
Quizá la mayor curiosidad de este invento es que su eficacia se discutió… ¡desde el mismo principio! En una época mucho antes de los avances de la neurociencia, la idea de que la electricidad y las emociones se pudieran medir tan fácilmente sonaba lógica, pero era una simplificación. Con el tiempo, la comunidad científica demostró que los resultados eran mucho más ambiguos de lo que sugerían los vendedores de este tipo de tecnología. Si te apetece ir a una fuente especialmente clara sobre limitaciones y controversias, aquí tienes la explicación de la American Psychological Association sobre detectores de mentiras.
Aun así, el detector de mentiras se fue perfeccionando, y aún hoy (aunque no es infalible ni legal en todos los países) sigue empleándose.
Conclusión: ¿ingenio o locura eléctrica?
No cabe duda de que el detector de mentiras de 1915 es un ejemplo clásico de la Historia Flipante: mezcla de ingenio, optimismo tecnológico y un toque excéntrico. Aunque no era perfecto (¡y menos para los nervios del sujeto!), su invención abrió la puerta a las modernas pruebas forenses y cambió la forma en la que la ciencia, la policía y hasta la cultura pop intentan descubrir la verdad… aunque siga, en muchos casos, esquivándonos.
¿Te ha sorprendido esta historia?
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