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¿Realmente el alma pesa 21 gramos? El experimento más loco de la ciencia

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El científico que inventó una máquina para medir el alma

¿Alguna vez te has preguntado si es posible pesar el alma humana? Aunque suene a ciencia ficción o a un episodio de The X-Files, hubo un científico real, con bata y todo, que se propuso ni más ni menos que crear una máquina para medir el alma. Un experimento de esos que hacen que cualquier persona se pregunte: ¿en qué estaban pensando? ¡Bienvenido al universo de la Ciencia WTF!

La obsesión de pesar lo invisible

A lo largo de la historia, los científicos han intentado encontrar explicación a casi todo: desde el movimiento de los planetas hasta el motivo por el que el pan siempre cae del lado de la mantequilla. Pero entre esas ideas revolucionarias, una destaca por su audacia y rareza: la creación de una máquina para medir el alma. Sí, el alma, eso etéreo, misterioso y semiclandestino de lo que hablan poetas, filósofos y canciones románticas.

¿Quién fue el responsable de este experimento?

El protagonista de esta historia es Duncan MacDougall, un médico estadounidense que, a principios del siglo XX, decidió llevar el misticismo al laboratorio. En 1907, este doctor se convenció de que debía existir alguna forma física de demostrar la existencia del alma. Y como buena naturaleza científica, pensó: «Si existe, debe tener masa». Nada más lógico, ¿verdad?

¿Su solución? Llevar a cabo uno de los experimentos más extraños de todos los tiempos al tratar de pesar personas justo en el momento de su muerte, convencido de que un súbito cambio de peso indicaría la «salida» del alma del cuerpo. Así nació la legendaria máquina para medir el alma.

La máquina de pesar almas: ¿ciencia o ciencia ficción?

Ahora, pongámonos en situación: hospital de Massachusetts, salas silenciosas, camas especialmente diseñadas y una histórica balanza de precisión… MacDougall, cual científico loco, se preparaba para atrapar lo intangible. De hecho, la historia se popularizó tanto que llegó a la prensa de la época: el propio The New York Times publicó en 1907 la pieza “Soul Has Weight, Physician Thinks”.

El supuesto experimento “científico”

Duncan realizó experimentos con seis pacientes terminales. La idea era sencilla y, al mismo tiempo, absurda: colocar a cada persona junto con su cama sobre una balanza industrial y, al momento exacto de la muerte, medir si su peso mostraba una variación repentina.

El resultado, según él, fue claro: todos los pacientes perdieron unos 21 gramos en el instante en que murieron. ¿La conclusión? ¡El alma pesa exactamente 21 gramos! (Sí, de ahí sale la famosa película y toda la teoría de los 21 gramos).

Pero no todo el mundo estaba convencido de esta ciencia tan mística. Muchos señalaron que las fluctuaciones de peso podían deberse a causas muy mundanas, como la evaporación o la última exhalación. Aun así, la noticia se difundió como pólvora y MacDougall se hizo famosísimo.

¿De verdad el alma pesa 21 gramos?

Aunque la idea resultó atractiva, repetidas críticas surgieron en la comunidad científica. MacDougall intentó repetir los experimentos con perros, pero (¡sorpresa!) no detectó ninguna diferencia de peso. La falta de controles, la inconsistencia de las mediciones y una pizca de sesgo personal invalidaban los resultados. Aun así, la historia siguió fascinando a generaciones de curiosos y científicos por igual.

Resonancia, vibraciones y… ¿el alma?

Quizá Duncan MacDougall habría disfrutado de los fascinantes experimentos modernos sobre resonancia y energía. Al fin y al cabo, si el alma «vibra» con el universo, tal vez la ciencia aún tenga herramientas más sofisticadas para explorar estos misterios.

Locos experimentos y ciencia seria

El experimento de pesar almas entra en la lista de intentos audaces por desentrañar los secretos de la existencia. Pero MacDougall no está solo en el club de las ideas raras. Existen muchos otros experimentos extraños que rozan los límites entre lo plausible y lo extravagante: si te van estas historias, seguro que también te interesan otros experimentos científicos tan insólitos como el híbrido humano-chimpancé de Ivanov.

¿Qué dice la ciencia moderna?

La mayor parte de la comunidad científica no da crédito al experimento de MacDougall. ¿El motivo? El alma, de existir, pertenece a un campo que escapa a la física y la biología. Actualmente, el consenso es que no existe evidencia empírica de que el alma tenga masa o un efecto físico detectable, aunque los debates filosóficos (y las películas de Hollywood) no dejan de rodar. Para poner un poco de contexto a lo que suele entenderse por “alma” en la tradición religiosa y filosófica, puede venir bien echar un vistazo a la entrada “Soul” de Encyclopaedia Britannica.

Entre la curiosidad y la imaginación

La historia de la máquina para medir el alma demuestra que la curiosidad humana no tiene límites, y que a veces los experimentos más extravagantes nos ayudan a hacernos nuevas preguntas, aunque las respuestas nos sigan eludiendo. ¿Lograremos algún día pesar el alma? ¿O simplemente seguiremos disfrutando de los intentos de genios (y locos) como MacDougall?

¿Te atreverías a inventar una máquina más loca?

El mundo necesita mentes curiosas y valientes que no teman experimentar, incluso si el resultado es más risueño que revolucionario. Si esta historia te inspiró o, al menos, te sacó una sonrisa, ¡no dudes en explorar las demás secciones de nuestro blog y descubrir los experimentos más alucinantes de la ciencia WTF!


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