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El científico que intentó pesar el alma humana

¿Alguna vez te has preguntado cuánto pesa tu alma? Aunque suene a argumento de una película de misterio sobrenatural, a principios del siglo XX, un científico convencido se hizo exactamente esa pregunta. Pero lo más sorprendente no es la pregunta en sí, sino que realmente intentó responderla… ¡con una báscula! Prepárate para sumergirte en uno de los experimentos más alucinantes de la historia de la ciencia: el caso de Duncan MacDougall y su obsesión con el peso del alma.

El amanecer del siglo XX y la obsesión por el misterio

En una época marcada por el avance imparable de la ciencia y el auge del espiritismo, muchas mentes inquietas buscaban cruzar la frontera entre lo visible y lo invisible. ¿Podría la ciencia, con su rigurosa metodología, arrojar luz sobre el mayor de los misterios… el alma humana?

Y aquí es donde aparece Duncan MacDougall, un médico estadounidense con una mezcla perfecta de curiosidad, temeridad y, quizás, un leve exceso de confianza. Si quieres ver cómo otras mentes han abordado experimentos extravagantes, puedes explorar artículos como los de Microsiervos, especialistas en ciencia, tecnología y cosas raras.

Duncan MacDougall: El médico que pesaba almas

¿Quién era este personaje?

Duncan MacDougall no era un loco salido de una novela gótica, sino un médico de Haverhill, Massachusetts, obsesionado con encontrar pruebas científicas de la existencia del alma. Su convicción era tan grande que ideó un plan bastante peculiar: pesar personas justo en el instante de su muerte para detectar si algún «algo» intangible se marchaba de sus cuerpos.

El experimento de las 21 gramos

En 1907, MacDougall y su equipo prepararon una báscula gigantesca y muy precisa (para la época), sobre la que colocaron camas en las que situaron a personas con enfermedades terminales. El objetivo era medir rigurosamente el peso del cuerpo segundos antes y después de que una persona exhalara su último aliento.

¿El hallazgo? Sorprendentemente, MacDougall afirmó que, justo en el momento de la muerte, el cuerpo perdía un poco menos de 21 gramos. Sí, esos «21 gramos» que tiempo después darían título a una famosa película de Alejandro González Iñárritu. Según MacDougall, esa era la evidencia experimental de que el alma humana pesa… al menos, lo que una cucharada sopera de azúcar.

Las serias dudas (¡y muchas cejas levantadas!)

Aunque las afirmaciones de MacDougall recorrieron los periódicos de la época, muchos científicos comenzaron a cuestionar sus métodos. Su muestra era ridículamente pequeña y las condiciones del experimento –como el sudor, el aire, la humedad, las exhalaciones, e incluso la fuga de gases corporales– podrían explicar fácilmente esa merma de peso.

Las conclusiones de MacDougall nunca superaron el escrutinio científico, pero su experimento se ganó un puesto de honor en la lista de experimentos más WTF de la historia de la ciencia. Si te apetece seguir indagando en rarezas experimentales, en Naukas encontrarás muchas más historias de ciencia insólita.

Un vídeo que lo explica mejor

¿Prefieres una explicación visual y dinámica? ¡Mira este vídeo sobre el singular experimento de MacDougall! Te ayudará a imaginar cómo, hace más de un siglo, alguien intentó pesar el alma humana utilizando una balanza gigante:

El experimento que intentó pesar el alma humana… En 1907, Duncan MacDougall intentó demostrar que el alma humana tiene peso. Colocó a personas gravemente enfermas sobre una báscula especialmente diseñada y registró minuciosamente cualquier variación de peso en el momento justo de la muerte. Los resultados, aunque populares hasta hoy, siguen siendo discutidos y generan debate entre la ciencia y la pseudociencia.

¿Por qué seguimos fascinados por este experimento?

A pesar de todos los problemas metodológicos, la idea de que algo escapa de nosotros al morir sigue provocando escalofríos y curiosidad. El hecho de que alguien haya intentado medirlo ofrece una irresistible mezcla de audacia, ingenuidad y, sí, un toque de locura científica.

Su extravagancia nos recuerda que las grandes preguntas, por locas que parezcan, siempre han impulsado la ciencia, aunque la respuesta termine siendo “aún no tenemos pruebas de nada”.

El legado de los 21 gramos

Hoy en día, el experimento de MacDougall se cita más como una curiosidad histórica y filosófica que como verdadera ciencia. Pero su legado ha calado profundo en la cultura popular, recordándonos que, cuando se trata de comprender el alma humana, la ciencia y la ficción a veces se dan la mano.

Si quieres leer más historias de experimentos absurdos y descubrimientos sorprendentes, hay muchos escritos fascinantes en blogs como Xataka Ciencia.

Conclusiones: Ciencia, locura y misterios por resolver

El intento de Duncan MacDougall por pesar el alma humana es tan poético como científico (o, más bien, “cientificamente poético”). Nos enseña que la curiosidad humana no tiene límites, que lo imposible solo es un reto para la imaginación… y que, quizás, las grandes respuestas no están en los gramos, sino en las preguntas que nos lanzamos.

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