¿Quién dijo que para ser inteligente hay que tener cerebro? Imagina un ser que parece sacado de una película de ciencia ficción, que no tiene ni una sola neurona, pero que aun así resuelve laberintos, aprende de la experiencia… ¡y hasta rodea obstáculos como un verdadero experto en supervivencia! Si pensabas que el reino animal ya no podía sorprenderte, prepárate: te presentamos al gran prodigio amebiano del reino de los comportamientos insólitos, el “moho del fango” o Physarum polycephalum. ¿Qué secretos esconde este misterioso organismo sin cerebro capaz de dejar en ridículo a más de un humano distraído? Prepara tu lupa científica y acompáñanos en este viaje tan viscoso como fascinante.
¿Qué es el moho del fango y por qué es tan especial?
Aunque suene a criatura salida de una novela de terror, el moho del fango Physarum polycephalum es una de las criaturas más curiosas de la naturaleza. Ni es un hongo, ni es un animal ni una planta: en realidad, es un protista unicelular multinucleado, un verdadero rebelde taxonómico. Este organismo gelatinoso suele encontrarse en bosques, alimentándose de esporas, bacterias y materia orgánica descompuesta. Pero lo realmente fascinante es su capacidad para resolver problemas… ¡sin necesidad de cerebro! Para un contexto general sobre qué son los mohos mucilaginosos, puede servir como punto de partida este resumen de Encyclopaedia Britannica sobre los slime molds.
¿Por qué se le considera “animal” si es un protista?
Técnicamente, Physarum es un protista, pero por sus movimientos y comportamientos, se le estudia muchas veces en zoología y etología. Es el perfecto ejemplo de cómo la naturaleza rompe sus propias reglas. ¡Hay quienes lo llaman cariñosamente “baba inteligente”!
El “animal” sin cerebro que resuelve problemas
Aquí es donde comienza el verdadero espectáculo: Physarum polycephalum no tiene cerebro ni sistema nervioso central. Pero, gracias a sus
superpoderes biológicos, puede tomar decisiones, recordar caminos y optimizar recursos naturales, poniendo a prueba las ideas convencionales sobre la inteligencia.
El reto del laberinto: ¿puede una “baba amarilla” ser más lista que tú?
En experimentos famosos, los investigadores colocaron fuentes de alimento en diferentes extremos de un laberinto y pusieron al Physarum a prueba. Sorprendentemente, este organismo unicelular eligió el camino más corto para llegar a la comida, aprendió de sus errores, y hasta “olvidó” rutas ineficientes. ¿Suena a ciencia ficción? ¡Pues es ciencia de verdad!
Memoria sin neuronas
Otra habilidad fascinante es su “memoria”: cuando Physarum encuentra un obstáculo o un camino que no le conviene, libera una sustancia mucosa que le ayuda a “recordar” no repetir ese recorrido. Así, puede modificar su comportamiento en futuras ocasiones. Sin duda, esta memoria química es la envidia de cualquier estudiante en época de exámenes. Si quieres asomarte a investigaciones sobre aprendizaje en este organismo, aquí tienes un estudio publicado en Nature sobre cómo Physarum aprende a anticipar eventos periódicos.
¿Cómo logra este prodigio resolver problemas complejos?
Physarum no piensa, pero puede reaccionar y tomar decisiones mediante procesos fisicoquímicos. Su red de venas transporta nutrientes a diferentes partes del organismo en función de los estímulos externos, lo que le permite:
- Detectar fuentes de alimento a distancia
- Agruparse y expandirse en la dirección de los nutrientes
- Evitar toxinas y zonas peligrosas
- Reducir su tamaño en condiciones adversas para sobrevivir más tiempo
Este comportamiento cooperativo y adaptable lo hace ideal para estudiar la inteligencia biológica… sin inteligencia.
Un caso real: redes de metro inspiradas en Physarum
En uno de los experimentos más famosos, los científicos recrearon el mapa del metro de Tokio utilizando Physarum polycephalum. ¡El resultado fue increíble! La criatura encontró la forma más eficiente de conectar todos los puntos, reproduciendo casi a la perfección la red de metro real. Un ejemplo magistral de cómo la naturaleza supera a la ingeniería humana. Para quien quiera ir a la fuente, el trabajo clásico sobre redes adaptativas inspiradas en este comportamiento está en Science (AAAS): “Rules for biologically inspired adaptive network design”.
¿Qué nos enseña Physarum sobre la inteligencia?
El moho del fango desafía nuestras ideas sobre qué significa “pensar”. Nos muestra que la inteligencia no depende necesariamente de tener cerebro. A veces, algoritmos químicos y físicos pueden producir comportamientos sorprendentemente complejos.
¿Puede teacharnos Physarum nuevas formas de resolver problemas?
Ingenieros, matemáticos y biólogos recurren a organismos como Physarum para inspirar nuevas tecnologías. ¿Te imaginas computadoras orgánicas basadas en “babas inteligentes”? No es ciencia ficción: algunas investigaciones recientes están creando circuitos inspirados en el comportamiento de estos mohos para resolver problemas complicados de redes y logística.
Curiosidades extra: otros animales increíbles sin cerebro
Physarum no está solo en el club de los cerebros ausentes. Por ejemplo, las estrellas de mar, las medusas y las esponjas de mar tampoco tienen este órgano, pero aún así muestran conductas rudimentarias de aprendizaje y adaptación. ¡La inteligencia, al parecer, es un concepto mucho más flexible de lo que creemos!
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