Una baldosa de Pavegen desciende hasta unos diez milímetros cuando alguien la pisa. Ese movimiento acciona un generador electromagnético y un sensor registra el paso. El suelo deja de ser pasivo y se convierte en una interfaz que mide el tránsito, devuelve una pequeña cantidad de energía y responde a quienes la usan.

La cifra honesta
Pavegen sitúa la producción en unos 3–5 vatios-segundo por pisada, es decir, 3–5 julios por evento. Una pisada no puede alimentar un edificio; miles concentradas pueden sostener sensores, luces pequeñas o una pantalla interactiva.
Del pie a la pantalla
La estación de Leighton Buzzard mostró el recorrido completo: la deformación mueve el generador, produce un pulso y la instalación lo comunica visualmente. Los sensores registran conteo, permanencia y patrones de circulación.
Este vídeo permite ver la baldosa en funcionamiento y entender la combinación de energía e interacción:
Dónde funciona
La tecnología tiene sentido en estaciones, estadios y espacios con tráfico intenso y predecible. En una calle vacía produciría poco. No sustituye la red eléctrica: aporta microgeneración, interacción y analítica de movimiento.
Seis ideas para recordar
- La baldosa desciende unos diez milímetros.
- Produce 3–5 julios por pisada.
- El generador es electromagnético.
- Los sensores analizan el tránsito.
- Leighton Buzzard mostró el sistema completo.
- Su mejor contexto es un espacio con mucho tráfico.
Fuentes consultadas
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