Imagínate por un momento. Estás sentado frente al ordenador, el ratón en la mano, un café al lado. Podrías estar buscando ofertas en un nuevo monitor, ese libro que te recomendaron, o quizás una guitarra de segunda mano. Pero no. En la pantalla, parpadeando con la luz azulada de la ambición y quizás de una pizca de locura, ves un anuncio que reza: «Se vende ciudad fantasma. Precio de ‘cómpralo ya’: 900.000 dólares». Y tú, por algún capricho del destino o una decisión audaz, te encuentras pulsando el botón. Eso fue lo que le pasó a Brent Underwood.
No se trataba de una figurita de colección ni de un coche clásico. Era un pueblo entero en el desierto de California. Un pedazo de historia, o lo que quedaba de ella, ofrecido sin contemplaciones en el altar del comercio electrónico. Uno casi puede ver el destello de ironía que debió cruzar por la mente de los antiguos mineros que fundaron Cerro Gordo hace más de un siglo. De las profundidades de la tierra a las profundidades de internet: un salto tecnológico más inverosímil que el mismísimo oro que un día trajo la vida a ese rincón olvidado.
El Último Aliento del Viejo Oeste, Vendido por Píxeles
Para entender la peculiaridad de esta transacción, primero hay que conocer el «producto». Cerro Gordo no era un simple puñado de ruinas. Era, y sigue siendo, una cápsula del tiempo, un eco petrificado del salvaje oeste. Fundado en 1865 gracias a un hallazgo de plata tan masivo que transformó la zona, el pueblo llegó a ser el mayor productor de lingotes de plata y plomo de California. Su pico demográfico vio a miles de almas transitar sus calles polvorientas, donde se levantaron salones, hoteles, herrerías y hasta un teatro de ópera. Imagina la fiebre, la promesa de riqueza, los duelos en las calles y la cruda realidad de la vida fronteriza.
Pero como todas las fiebres, la de la plata también remitió. Los recursos se agotaron, los precios cayeron y la gente, tan rápido como llegó, se marchó. Lo que quedó fue un cascarón, una veintena de edificios a merced del tiempo y de los vientos del desierto. Sin embargo, no todos lo olvidaron. Durante décadas, la propiedad de Cerro Gordo recayó en la familia Knott, la misma que fundó el famoso parque temático Knott’s Berry Farm. Ellos, quizás con un ojo puesto en la preservación y otro en el potencial turístico, mantuvieron el pueblo en su peculiar letargo. Hasta que la era digital llamó a su puerta con una propuesta irresistible, o al menos, una muy moderna.
El Anuncio que Conmocionó al Desierto (y a Internet)
La idea de vender un pueblo por internet no es solo excéntrica; es una declaración. Una de esas rarezas que te hacen levantar una ceja y pensar: «En serio, ¿hay algo que no se pueda vender en eBay?». Y la respuesta, al parecer, es no. La transacción se hizo realidad en 2018. El paquete de venta incluía 22 edificios, entre ellos un hotel, una herrería, una iglesia, una lavandería, la casa del superintendente minero, y una mina de plata que se extiende por 350 hectáreas. Todo, por un precio inicial que rondaba el millón de dólares.
No era una simulación de pueblo del oeste; era el pueblo real, con sus fantasmas literales y metafóricos. Las condiciones, eso sí, eran bastante «rústicas»: sin agua corriente en la mayoría de los edificios, electricidad intermitente y una conectividad a internet que, paradójicamente, era el medio por el que se vendía, pero no el servicio que se disfrutaba allí. La ironía de un pueblo histórico sin infraestructuras básicas vendido a golpe de clic en la plataforma más avanzada de comercio electrónico no escapa a nadie. Era como comprar un dinosaurio vivo a través de un NFT.
El Nuevo Propietario y los Secretos de la Mina
Así fue como Brent Underwood, un emprendedor de Los Ángeles, se convirtió en el «dueño» de Cerro Gordo. Su visión no era la de un especulador inmobiliario, sino la de alguien fascinado por la historia y por la idea de revivir un lugar tan especial. Pero ser el dueño de un pueblo fantasma no es como comprar un chalet con piscina. Las dificultades son reales y las anécdotas, muchas de ellas inquietantes, no se hacen esperar. Desde el aislamiento extremo en medio de la pandemia hasta la convivencia con lo que muchos lugareños aseguran son «presencias» de antiguos mineros y figuras trágicas que perdieron la vida en el lugar.
Underwood se ha embarcado en una aventura de restauración y documentación, compartiendo su experiencia a través de redes sociales, mostrando al mundo la vida cotidiana en un pueblo fantasma. Ha descubierto tesoros ocultos, enfrentado derrumbes, y lidiado con la cruda realidad de mantener un lugar sin los servicios básicos de la vida moderna. Su objetivo es convertir Cerro Gordo en un destino turístico y educativo, preservando su legado minero y compartiendo las historias de aquellos que lo habitaron.
¿Qué Se Compra Cuando Se Adquiere un Fantasma?
La historia de Cerro Gordo y su venta en eBay es más que una curiosidad; es una reflexión sobre nuestro apego a la historia, el valor que le damos a lo auténtico y la forma en que la tecnología redefine nuestra relación con el pasado. ¿Qué se compra realmente cuando se adquiere un lugar así? ¿Un pedazo de tierra? ¿Un trozo de tiempo congelado? ¿O acaso una colección de problemas con encanto, una responsabilidad histórica y una buena dosis de misticismo?
Quizás, en el fondo, compramos la oportunidad de conectar con historias que de otra manera se perderían, de ser custodios de un legado que grita desde el polvo. Y es que, en un mundo donde casi todo tiene un precio y un «cómpralo ya», el verdadero valor de lugares como Cerro Gordo reside en su capacidad de transportarnos, de hacernos pensar en la impermanencia, en la audacia humana y en la sutil ironía de que algo tan tangible y antiguo pueda cambiar de manos con un simple clic. La próxima vez que navegues por internet, quién sabe, quizás te encuentres con el anuncio de un castillo, o quién sabe, ¿un país? El mundo es flipante, ¿verdad? Si te ha gustado esta historia, hay muchas más que esperan ser desenterradas en las páginas de nuestro blog.







