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Revolution 9: El polémico caos de John Lennon y The Beatles
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Revolution 9: El polémico caos de John Lennon y The Beatles

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Revolution 9: El polémico caos de John Lennon y The Beatles

Imagínate la escena: finales de 1968, los pasillos de EMI Studios (futuros Abbey Road) huelen a cinta magnética y a esa extraña mezcla de ambición artística y puro hedonismo. El «Álbum Blanco» de The Beatles está a punto de ser una realidad, un mastodonte doble que promete ser tan expansivo como su propia psique. Pero hay un elefante en la habitación, o más bien, un huracán sonoro que nadie sabe muy bien cómo manejar: una pista de más de ocho minutos que no suena a nada que The Beatles hubiera hecho antes. Ni después. Era el número siete en la segunda cara del segundo disco: «Revolution 9».

Los ejecutivos de EMI debieron palidecer al escucharla por primera vez. Acostumbrados a la melodía impecable, a los estribillos pegadizos, a la genialidad pop que garantizaba ventas millonarias, se encontraron con un caos premeditado: voces de ópera distorsionadas, fragmentos de frases repetidas hasta la saciedad, pianos al revés, efectos de sonido que sugerían desde un incendio hasta una revolución. No era una canción; era un desafío, una declaración, un enigma. Y, por supuesto, lo primero que cruzó por sus mentes fue: «Esto no puede ir en un disco de The Beatles. ¡Hay que quitarlo!»

El Nacimiento de un Caos Deliberado

Para entender por qué «Revolution 9» existió, tenemos que mirar la mente de John Lennon en 1968. Estaba en una fase de profunda experimentación, influenciado por el arte conceptual y las vanguardias. La presencia de Yoko Ono era, sin duda, un catalizador crucial. Ella le introdujo en los trabajos de compositores como Karlheinz Stockhausen y en el concepto de la música concreta, una forma de composición que utiliza sonidos grabados del mundo real, a menudo manipulados electrónicamente, como material musical.

Lennon, que ya había jugueteado con la retroalimentación y los bucles de cinta en temas anteriores como la coda de «Tomorrow Never Knows», se sumergió de cabeza. La idea de «Revolution 9» nació a partir de los últimos minutos de la versión original de «Revolution 1», un tema mucho más lento y bluesy que la versión single. Esos minutos finales estaban llenos de improvisación y efectos de sonido que, a sugerencia de Yoko, John decidió expandir hasta convertirlos en una pieza independiente.

La creación de «Revolution 9» fue un proceso casi de bricolaje sonoro. Lennon y Yoko pasaron días en el estudio de control, con la ayuda de George Harrison, manipulando las cintas. Usaron el estudio como un gigantesco instrumento. Tomaban fragmentos de grabaciones aleatorias —desde emisiones de radio hasta viejas cintas de los archivos de EMI—, los cortaban, los pegaban, los reproducían al revés, ajustaban su velocidad, los combinaban. El famoso bucle que repite «Number nine… number nine…» venía de una prueba de voz para un examen de música. Otras voces decían cosas como «The Watusi», «The Twist», o simplemente gemidos y gritos.

Fue un ejercicio de collage auditivo, diseñado para evocar, para provocar, para sacudir al oyente de su complacencia melódica. No buscaba ser bonito, ni siquiera agradable. Buscaba ser una experiencia.

La Batalla por el Disco

Cuando los ejecutivos de EMI y la gente de Apple Records escucharon la pieza final, su reacción no fue de admiración artística, sino de pánico comercial. ¿Cómo explicar a los fans de «She Loves You» o «Yesterday» que esto era también The Beatles? El riesgo de alienar a su base de seguidores y de dañar la reputación del grupo era real y palpable para ellos. Intentaron por todos los medios convencer a Lennon de que la quitara o, al menos, la redujera.

Pero John Lennon era inquebrantable. Para él, «Revolution 9» era una parte integral del «Álbum Blanco», una manifestación cruda y honesta de su momento creativo. No era un capricho; era arte. Y el arte, en su visión, no siempre tenía que ser complaciente. Paul McCartney, aunque no participó directamente en su creación y tenía sus reservas, terminó cediendo a la voluntad de John, respetando su libertad artística. George Harrison, por su parte, sí colaboró y la defendió junto a Lennon.

Al final, la insistencia de Lennon prevaleció. Después de todo, eran The Beatles, y a estas alturas de su carrera, su poder era casi absoluto. Lo que John quería, John obtenía. Y así, «Revolution 9» se mantuvo, una extraña anomalía en el canon de la banda más grande del mundo.

El Legado del Caos

La inclusión de «Revolution 9» en el «Álbum Blanco» fue un punto de inflexión, tanto para The Beatles como para la música popular en general. Generó, y sigue generando, todo tipo de reacciones. Muchos la consideran una indulgencia pretenciosa, un fragmento inescuchable que rompe la cohesión del disco. Otros la ven como una obra de vanguardia audaz, adelantada a su tiempo, un testimonio de la valentía artística de Lennon y The Beatles para empujar los límites de lo que se esperaba de ellos.

Lo que no se puede negar es que «Revolution 9» es un experimento valiente. En un momento en que la música pop buscaba la perfección y la accesibilidad, The Beatles lanzaron una pieza de arte sonoro abstracto a la corriente principal. Demostró que incluso la banda más comercial podía atreverse a ser radical, a ser desafiante, a ser… incomprensible para muchos. Abrió una puerta para que otros artistas exploraran rumbos menos convencionales, sin miedo a defraudar expectativas.

¿Fue un error? ¿Una genialidad incomprendida? Quizás sea ambas cosas a la vez, o ninguna. Lo que sí sabemos es que, más de medio siglo después, «Revolution 9» sigue siendo uno de los temas más comentados, debatidos y, sí, a menudo evitado, del catálogo de The Beatles. Y precisamente por eso, por su capacidad de dividir y provocar, es que su historia sigue siendo tan flipante.

¿Cuántos artistas de hoy se atreverían a colar un experimento tan radical en medio de un disco destinado a vender millones? Pocos, me atrevería a decir. Y quizás eso nos dice algo más sobre la naturaleza de la música, del arte y de la osadía creativa que sobre la pieza en sí. ¿Te atreves a darle otra escucha?

Si te ha fascinado la audacia de Lennon, seguro que disfrutarás explorando otras historias de canciones que rompieron moldes y desafiaron las expectativas en nuestro blog. ¡El mundo de la música está lleno de sorpresas!