¿Te imaginas entrar a una cueva, cerrar los ojos y, en vez de respirar el perfume intenso del queso curándose en silencio, escuchar, de fondo, un concierto de Mozart? No, no estás alucinando por el poder de los lácteos: hay un queso suizo que necesita melodías clásicas para convertirse en su mejor versión. Sí, la música y el queso, dos placeres insólitos, juntos en un ritual gastronómico tan raro como irresistible. ¿Listo para descubrir cómo la magia sonora transforma los sabores? ¡Este viaje auditivo y gustativo no te va a dejar indiferente!
¿Puede la música cambiar el sabor del queso?
Seguro has oído que las plantas crecen mejor si les hablas bonito. Pero, ¿qué pasa con el queso? ¿Hay ciencia detrás, o solo una excusa para ambientar la quesería? Prepárate para una historia donde los científicos se pusieron los cascos —literalmente— a ruedas de queso.
El nacimiento de un experimento que desafía lo convencional
Todo comenzó en la pintoresca ciudad de Burgdorf, Suiza, donde un quesero artesano, Beat Wampfler, se hizo la pregunta más suiza de la historia: “¿Cambia el sabor del queso si le ponemos música durante la maduración?”. ¿El resultado? Un experimento lacto-musical en el que participaron especialistas en alimentación y nada menos que la Universidad de las Artes de Berna.
Colocaron ruedas de emmental dentro de cajas de madera, y a cada una le pusieron un altavoz inalámbrico. Durante seis meses de curación, unas ruedas gozaron de la serenidad de Mozart, otras bailaron con hip-hop e incluso hubo quienes probaron el techno. Suena descabellado, pero el objetivo era claro: descubrir si las vibraciones musicales impactaban en la textura, el aroma y, por supuesto, el sabor del queso.
Los resultados: ¿Mozart o Eminem para tus quesos?
Para sorpresa de muchos (y alegría de los melómanos), la música hizo una diferencia real. Los expertos catadores afirmaron que el queso expuesto a la música clásica tenía notas más suaves y florales, mientras que el que maduró con hip-hop poseía una intensidad acentuada y un aroma más fuerte. Sí, el queso también baila… aunque no lo veas.
¿Por qué sucede esto?
La clave está en las vibraciones. La música no solo es diversión para nuestros oídos; las ondas sonoras atraviesan la materia. Estas microvibraciones, especialmente las frecuencias bajas, estimulan a los microbios y enzimas responsables de la fermentación del queso. Así, los acordes de Mozart ayudan a crear un perfil organoléptico distinto comparado con otras corrientes musicales más agitadas.
Un ritual gastronómico que traspasa fronteras
Lo que comenzó como un experimento extravagante ya se ha convertido en un ritual que gana adeptos por todo el mundo. No solo los suizos disfrutan de estas sinfonías lácteas: en Francia, España y hasta Estados Unidos, algunos queseros han comenzado a experimentar con playlists para acompañar la maduración de sus creaciones.
Queso, cultura y creatividad
¿Es posible que estemos ante la invención de una nueva corriente gourmet? Todo apunta a que sí, porque las experiencias sensoriales importan más que nunca. Si te apetece explorar este universo sonoro-gastronómico, te encantará descubrir la historia de otros ritos culinarios super curiosos en Gastronomía & Cía, un blog repleto de secretos, trucos y recetas del mundo entero.
¿Puedo hacer mi propio queso musical en casa?
Tal vez te preguntes: ¿necesito una orquesta sinfónica y una cueva subterránea para sumarme a esta tendencia? ¡Por supuesto que no! Puedes empezar en tu propia cocina con algo tan sencillo como queso fresco, tus auriculares y una playlist especial. Imagina hacer una tanda experimental con Bach, otra con jazz y probar los resultados en tu próxima tabla de quesos casera.
¿Te apetece intentarlo? Aquí tienes un vídeo de Anna Recetas Fáciles donde explica cómo hacer queso fresco en casa con solo 3 ingredientes habituales: leche, zumo de limón y sal. Prepáralo y, mientras reposa, ponle tu música favorita… ¡quién sabe si descubres un nuevo sabor al compás de tus canciones preferidas! Descubre más recetas en su blog.
Y tú, ¿te animas a darle play a tu tabla de quesos?
Desde bancos de prueba sonoros en Suiza hasta tu propia cocina, la combinación de música y queso ha llegado para quedarse. Detrás de una simple melodía se esconde un mundo de matices y sabores por explorar. La próxima vez que compartas un queso con amigos, sorprende a todos contando cómo puede sonar la maduración… ¿Quién sabe? ¡Tal vez tu siguiente queso favorito nació escuchando a Beethoven!
¿Te ha picado la curiosidad? Sumérgete en más experimentos insólitos y rituales gastronómicos del mundo en nuestro blog, y conviértete en la persona que siempre tiene algo sorprendente que contar en la mesa. ¡Sigue explorando, que el mundo de la comida nunca deja de sorprender!

