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El pueblo de Barcelona que se construyó para una exposición… y nunca se desmontó

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En Montjuïc hay una calle que parece resumir varias regiones de España en unos pocos pasos: una plaza, fachadas y balcones construidos para que el visitante sienta que ha entrado en otro lugar. No es un pueblo medieval trasladado piedra por piedra ni un barrio que creciera durante siglos. El Poble Espanyol nació como parte de una exposición internacional y tenía fecha de caducidad. La idea original era desmontarlo al terminar el evento de 1929. Sigue en pie casi un siglo después.

El recinto se diseñó para mostrar referencias de arquitecturas populares de distintas zonas de España a los visitantes de la Exposición Internacional de Barcelona. Sus responsables —Miquel Utrillo, Xavier Nogués, Francesc Folguera y Ramon Reventós— recorrieron numerosas poblaciones y recopilaron materiales antes de elegir qué incluir. La entidad que gestiona el Poble habla de más de 1.600 localidades visitadas. El resultado no pretendía ser un catálogo neutral de todo el país: era una escenografía seleccionada para representar una idea de arquitectura y vida popular. La historia oficial del Poble Espanyol detalla el encargo y sus autores.

Obras del recinto del Poble Espanyol en Montjuïc antes de la Exposición Internacional de 1929
El conjunto se levantó expresamente para la exposición y abrió en mayo de 1929. Recreación editorial; imagen ilustrativa, no fotográfica documental.

Una exposición que construía ciudad

La Exposición Internacional de Barcelona se celebró entre 1929 y 1930 y transformó la montaña de Montjuïc. El Poble Espanyol fue uno de varios proyectos vinculados al evento. La Plaça d’Espanya, el Palau Nacional, las fuentes, el Estadi Olímpic y otros edificios también forman parte del paisaje creado o reformado en esos años. Las exposiciones no solo mostraban inventos: levantaban pabellones, avenidas y espacios públicos que podían cambiar una ciudad mucho después de que los visitantes se marcharan.

Las obras del Poble comenzaron en enero de 1928 y el recinto abrió el 20 de mayo de 1929. La exposición oficial se inauguró el 19 de mayo, según el Museu Nacional d’Art de Catalunya; conviene distinguir la apertura del evento de la inauguración concreta del recinto. Durante la muestra, hubo bailes, fiestas y actos culturales, y el Poble se convirtió en una de sus atracciones. El Ministerio de Cultura resume el marco de la Exposición Internacional.

Una colección de formas, no un pueblo congelado en el tiempo

El nombre puede hacer pensar que se reconstruyó una población real. Es más preciso decir que se proyectó un conjunto que reunía referencias de distintas regiones. Calles y plazas se organizaron para crear una experiencia urbana coherente, pero los edificios no forman un pueblo trasladado intacto desde otra época. Algunos reinterpretan elementos arquitectónicos; otros mezclan referencias para componer el recorrido.

Esta distinción hace que el recinto sea más interesante. El Poble Espanyol habla tanto de los lugares que inspiraron sus fachadas como del momento cultural que decidió reunirlas en un escaparate. Toda exposición elige qué enseñar y cómo. La arquitectura se convirtió en una narración visual de diversidad regional, pensada para visitantes que podían recorrerla sin viajar por todo el país.

Los responsables se documentaron en numerosas localidades y revisaron su diseño durante el proceso. No fue un simple viaje de postales: tomaron medidas, dibujos y fotografías para traducir referencias arquitectónicas a un recinto nuevo. El Archivo Fotográfico de Barcelona conserva imágenes de las obras y de la inauguración; sirven para separar la historia documentada de las recreaciones posteriores.

Visitantes recorren el Poble Espanyol durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929
El archivo permite comparar el recinto de 1929 con el espacio actual. Recreación editorial; imagen ilustrativa, no fotográfica documental.

La vida después de la Exposición

Al terminar la Exposición, el recinto debía desaparecer. La respuesta del público y sus usos culturales llevaron a conservarlo. En lugar de una demolición inmediata, se convirtió en un espacio con actividades y colecciones. El Ayuntamiento distribuyó en distintos edificios el Museo de Industrias y Artes Populares para evitar que el conjunto cayera en ruina. Así, una instalación temporal se transformó en infraestructura cultural.

Su historia no fue una línea ascendente de éxito. Durante la Guerra Civil, el Poble perdió parte de su carácter festivo y se utilizó como espacio de internamiento de prisioneros, según la propia historia institucional del recinto. En la posguerra atravesó etapas de deterioro y reutilización. No conviene pasar por encima de ese capítulo con una nostalgia de bailes y turismo: los edificios sobrevivieron, pero el sentido del lugar cambió según el momento político.

El Poble actual también ha cambiado de función. Conviven talleres, exposiciones, tiendas, restaurantes y actividades culturales. Una visita no reproduce la Exposición de 1929 ni ofrece una ventana transparente a la vida cotidiana de cada región: permite recorrer una construcción que se adaptó y que conserva rastros de su origen en una feria internacional.

Cronología de la construcción y continuidad del Poble Espanyol
Infografía editorial: cronología de la construcción y continuidad del poble espanyol.

¿Qué significa que “iba a desaparecer”?

No significa que los edificios fueran de cartón pensados para caer en unos días. El proyecto se construyó con materiales duraderos, aunque el plan contemplara demolerlo cuando acabara la Exposición. Temporal era su función prevista, no necesariamente la solidez de cada edificio. La decisión de conservarlo convirtió una instalación de evento en una pieza del patrimonio urbano de Barcelona.

Algunas grandes exposiciones dejan pabellones efímeros; otras, parques, edificios o infraestructuras que la ciudad incorpora. En Montjuïc, 1929 marcó el paisaje. El Poble sobrevivió porque encontró nuevas funciones: museo, espacio cultural y lugar de ocio. La permanencia no estaba garantizada en los planos, pero se hizo posible cuando la ciudad decidió reutilizarlo.

La próxima vez que alguien cruce la puerta verá una plaza y fachadas que parecen llevar siglos ahí. Detrás de esa ilusión hay una historia más moderna: viajes de documentación, una exposición internacional, un proyecto con fecha de demolición y una ciudad que optó por conservarlo. El Poble Espanyol no es un fragmento intacto de la España antigua. Es una creación de 1929 que terminó convirtiéndose en parte real de Barcelona.

Detrás de las fachadas de Montjuïc